viernes

Oración por Enfermos y Afligidos - Iniciamos viernes 19 Feb., 19 hs.



Antes de la oración del Ángelus de este domingo, Benedicto XVI ha comentado el episodio evangélico de la curación del leproso y ha invitado a los fieles a recurrir con frecuencia al Sacramento de la Confesión.
Dijo el Papa: Los pecados que cometemos nos alejan de Dios, y si no se confiesan humildemente confiando en la misericordia divina, conducen a la muerte del alma. En el sacramento de la Penitencia, ha explicado el Papa, Cristo nos purifica con su infinita misericordia, mediante sus ministros, y nos devuelve a la comunión con el Padre celeste y con los hermanos, nos dona su amor, su alegría y su paz. De hecho, no es la lepra, como preveía la antigua ley judía, la que nos separa del Señor, sino la culpa, la enfermedad espiritual y moral. Jesús en su pasión, se convertirá en un leproso contaminado por nuestros pecados y lo hará por amor, para conseguir nuestra reconciliación, perdón y salvación.



Viernes 19,
reiniciamos la Oración por enfermos y afligidos, en la Capilla María Reina de la Paz.
Son momentos de Gracia ... el cielo está abierto ... no te quedes afuera.
19 hs. Santo Rosario, con Santisimo expuesto , luego paseo de Santísimo
(estará el P. Horacio Bojorge para el Sacramento de la Reconciliación)
20 hs. aprox - Santa Misa - Celebra P.Horacio Bojorge - Diácono Jorge Novoa
Oración Personal a cada enfermo


martes

Actividades de Cuaresma en Capilla María Reina de la Paz

Miércoles 17 de febrero, Mércoles de ceniza - Inicio de Cuaresma

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

- “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
- “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
- “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Reflexión sobre Cuaresma

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

En la Confesión, Dios nos sana de adentro hacia afuera ... Tienes que vivirlo, para experimentarlo .. tienes que sentir esa Paz, que solo Dios te la puede dar ... el mundo no te la puede dar ... la paz de Dios es duradera ... la paz del mundo es temporal, porque es egoísta.

lunes

Jueves 11 - Virgen de Lourdes - Jornada mundial del Enfermo

Alegrate María, Salud de los Enfermos ...


Oración a Nuestra Señora de Lourdes

¡Ave María, Mujer humilde,
bendecida por el Altísimo !
Virgen de la esperanza, profecía de tiempos nuevos,
nosotros nos unimos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino
y la plena liberación del hombre.

¡Ave María, humilde Sierva del Señor,
Gloriosa Madre de Cristo !
Virgen fiel, Morada Santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
a ser dóciles a la Voz del Espíritu Santo,
atentos a sus llamados en la intimidad de la conciencia
y a sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia.

¡Ave María, Mujer del dolor,
Madre de los vivientes !
Virgen Esposa ante la Cruz, Eva nueva,
Sed nuestra guía por los caminos del mundo,
enséñanos a vivir y a difundir el Amor de Cristo,
a detenernos contigo ante las innumerables cruces
en las que tu Hijo aún está crucificado.

¡Ave María, Mujer de la fe,
primera entre los discípulos !
Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos a dar siempre
razón de la esperanza que habita en nosotros,
confiando en la bondad del hombre y en el Amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde adentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la Cruz.

Santa María, Madre de los creyentes,
Nuestra Señora de Lourdes,
ruega por nosotros.

Juan Pablo II
Oración en el Santuario de Lourdes el 14 de agosto de 2004.


En esta fiesta conmemoramos las 18 apariciones de la Santísima Virgen, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, a una niña de 14 años, llamada Bernardette Soubirous, en Lourdes, Francia, cerca del río Gave.
El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette, de 14 años, su hermana Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, de 12 salieron de su casa en Lourdes para recoger leña. Camino al río Gave, pasó por una gruta natural donde Bernadette escuchó un murmullo y divisó la figura de una Joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un Rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas, para luego desaparecer.

Por un período de cinco meses, la Virgen se le apareció a la niña, en medio de multitudes que se acercaban para rezar y poder observar a la hermosa señora, pero la Virgen sólo se le aparecía a la niña. En reiteradas ocasiones, Bernadette fue víctima de desprecios y burlas por parte de las autoridades eclesiales y civiles de pueblo, pero la niña se mantuvo firme en su fe mariana sobre todo en el especial pedido que la Virgen le había encargado: la construcción de una capilla sobre la gruta y la realización de una procesión.

Luego de la última aparición ocurrida en 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, Bernadette ingresó a la orden religiosa de las hermanas enfermeras, a la edad de 22 años, y permaneció allí hasta su muerte a los 34 años de edad.

Morir a si mismo - Jn 12,24-26 - Si el grano de trigo no muere, no da fruto.



(Juan 12, 24-26) - Es necesario dejar de ser grano, renunciar, para dar el mejor fruto.

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

Reflexión

Jesucristo dice: “Si el grano de trigo no muere, no dará fruto”. El grano que quiera seguir como grano, que le tenga miedo a la humedad, que no esté dispuesto a desaparecer como grano, ¿cómo ha de dar fruto? Si el grano muere, nacerá una nueva planta. Si es de maíz, dará muchos elotes, que tendrán muchos granos cada uno. Pero es necesario dejar de ser grano para dar todo ese fruto.

Así, Jesucristo habría de morir para darnos un gran fruto: la salvación de nuestras almas, el perdón de los pecados, la apertura nuevamente del Cielo para nosotros, la vida eterna, la gracia santificante, recobrar nuevamente la amistad con Dios. Todo ello es parte del fruto que Jesucristo dará al morir como grano de trigo en la cruz.

Luego, inmediatamente, el mismo Jesús dice: “El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna”.

Estas palabras son muy importantes para un cristiano, para un verdadero seguidor de Jesucristo, para todos aquellos que quieren imitarle en sus vidas. Él nos dice que las personas que son egoístas, que piensan en su comodidad, en su bienestar, en su placer, olvidándose de los demás no obtendrán la vida eterna. Si pasarán esta vida con placer, con comodidad, cumpliéndose todos sus caprichos, pero perderán los más importante, la vida eterna. Aquél que busca lo mejor para sí mismo, que no le importa dañar a los demás, u ofenderlos, o maltratarlos con tal de lograr sus placeres no vivirá con el Señor la vida eterna. Cambia el placer que se va pronto, que dura “nada”, por toda la vida eterna.

Por el contrario, quien no se interesa por los placeres, por las comodidades, por cumplir sus caprichos y egoísmos, quien piensa en los demás, se entrega por ellos y los ama, ese alcanzará lo más importante, lo que nunca ha de acabarse: la vida eterna.

Y Jesucristo que nos dice esas palabras, es el primero en darnos el ejemplo: pues Él ha de ofrecer su vida, ha de perderla, ha de morir, para darnos la vida eterna, para perdonarnos los pecados, para darnos la salvación. “El que se aborrece a sí mismo”. Nuestro Señor, un verdadero ejemplo de amor por nosotros. No le importó morir, ni sufrir tanto, ni ser despreciado, abofeteado, escupido, azotado, ridiculizado, golpeado, coronado de espinas, despreciado, crucificado y ajusticiado en la cruz, con tal de buscar nuestro bien. ¡Eso es amor! ¡Eso es amar al prójimo! ¡¡Eso es vivir la ley de Dios: amar a Dios y al prójimo! Por eso nuestro Señor será capaz de decirnos: “Ámense como yo los he amado” ¡Hasta dar la vida por los demás!

Recordemos lo que decían de los primeros cristianos hace ya dos mil años: ¡Miren cómo se aman!”. Los pueblos paganos quedaban maravillados por el amor con que se trataban entre sí los cristianos y el amor con que trataban a todos los demás. El verdadero cristiano ha de ser como Jesucristo: Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. ¿Acaso Jesucristo no hizo eso en la cruz por todos y cada uno de nosotros? Imitémosle.

El auténtico cristiano, el verdadero católico es quien ama al prójimo y no se preocupa de sí mismo. Tengamos cuidado de los placeres, de las comodidades, de los caprichos, de los deseos, pues lo único que hacen es convertirnos en el centro de nuestro amor: nos buscaremos a nosotros mismos.

Quien verdaderamente ama a su prójimo pensará en ellos continuamente: el esposo, en su esposa; la esposa, en el esposo; los padres, en los hijos; el ciudadano, en sus conciudadanos; el maestro, en sus alumnos;

El mundo pagano se distingue por el egoísmo. El mundo cristiano se ha de distinguir por el amor. ¿Cuál mundo estamos construyendo? ¿Soy pagano o soy cristiano? El mundo pagano termina con la muerte. El mundo cristiano empieza con la vida eterna.

Jesucristo muere en la cruz para perdonarnos los pecados, para darnos nuevamente la amistad con Dios, nos vuelve a abrir las puertas del Cielo, nos hace partícipes de la vida eterna, nos da su gracia. El Señor nos enseña: “El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna”, y “”Si el grano de trigo no muere, no dará fruto”. El distintivo de todo verdadero cristiano es el amor.

Sabemos que por mucho tiempo que pueda vivir un hombre en la tierra, no será más que una gota en medio de la inmensidad del océano, un punto en medio de la eternidad. ¿No será preferible dejar un poco las comodidades de aquí para entrar en la eternidad por la puerta grande?

¿Cuántas veces pensamos en ella? ¿La tenemos como una realidad? ¿O sólo es algo lejano e imaginario? Los santos mártires, como San Lorenzo, nos ponen ante los ojos el valor de la vida futura. Antes de padecer los sufrimientos a los que le sometieron -ser quemado vivo- reflexionó unos instantes y optó por Cristo a pesar de todo. Porque sabía muy bien qué encontraría después de su muerte.

Ante la Crisis, mira la Estrella, acude a María

¡ A Jesús . . . por María !

Ser de María ... para ser de Jesús.
Pertenecer a María ... para pertenecer a Jesús.
Amar a María ... para amar a Jesús.

Mira a la estrella, llama a María

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado por las olas de la soberbia, de la detracción, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a la estrella, llama a María (...) No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón (...).

No te descaminarás si le sigues, no desesperarás si le ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía: si Ella te ampara, llegarás felizmente a puerto

(San Bernardo, Homiliae super "Missus est" 2, 17).

San Bernardo, en uno de sus más célebres sermones sobre la Virgen, urge a sus oyentes de entonces, y a nosotros, a mirar a la estrella, a mirar a María.

La utilización de la imagen de la estrella y compararla con la Virgen Santísima tiene un motivo:

Los marineros de alta mar, para no perderse miran al cielo, a la estrella más luminosa para así saber cómo llegar a puerto seguro. Así es la Virgen en nuestra peregrinación en este valle de lágrimas: es la estrella luminosa que nos muestra el camino cierto, la ruta a seguir, camino seguro, ruta firme.

Ella es el contenido mismo de la evangelización, pues decir María, es decir el dulce nombre de Aquella que vive más profundamente el evangelio de Jesucristo. Es la discípula perfecta de Cristo, evangelio vivido.

El legionario de María ha de ser aquel que en su apostolado semanal es capaz de hablar de la Virgen, de sus virtudes y valores: toda santa, llena de gracia, limpia de pecado, humanidad salvada, nueva Eva, enriquecida con todos los dones y bendiciones de Dios, humanidad nueva y libre, hija de Dios, morada del Altísimo, Sagrario del Hijo, Templo del Espíritu, Mujer creyente, esclava del señor, toda de Dios, fiel a su Palabra, obediente en todo, feliz porque el Poderoso ha hecho obras grandes en Ella y por Ella, bendita entre las mujeres, madre solícita junto a la cruz de los hombres, asunta a los cielos en cuerpo y alma, liberadora de las muerte, contempladora del rostro de Dios.

Como Estrella de la mañana nos anuncia la inminencia del amanecer, de la salida del sol. Con razón así también piropeamos a la Virgen. Ella es la estrella de la mañana que nos anuncia la llegada de Jesús, Dios de Dios, Luz de Luz.

El Legionario de María, como su Señora, ha de ser capaz de anunciar a Jesucristo, evangelio vivo. Y al igual que Ella, es llevar el anuncio del Evangelio, al ver cómo Ella acoge el Reino, su legionario ha de pretender y ansiar encarnar en sí el mensaje liberador del Señor. Ella ha de ser nuestra meta, porque la vemos como una de nuestra raza, de nuestro pueblo, se ha dejado conducir por la gracia, ha sido capaz de llevar a cabo el evangelio a la práctica. En la Virgen, pues, vemos la forma de evangelizar:

1. Ella es el campo donde se encuentra el Tesoro escondido que es Jesucristo.

2. Ella es la que escucha y acoge, la que guarda en su Corazón y medita la Palabra de Dios, la que como fiel esclava está pendiente de su señor, la que se pliega enteramente a su voluntad como al Hijo de sus entrañas. ella es la dichosa, la feliz porque ha creído, porque ha sido saludada con alegría que la ha inundado completamente.

3. La alegría de ser creyente ha de brotar por los poros de nuestra piel apostólica.

4. Despojada de todo, esclava pendiente de su Señor...abierta a lo que el quiere, dejando a Dios ser Dios...

De esta forma, al igual que la Virgen es estrella de evangelización que lleva a Jesucristo, el legionario viviendo como Ella hizo, será también foco luminoso que conduzca al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

Alma de Cristo


Bendito sea Nuestro Señor Jesucristo, bendito Sea.
Todo el Honor y la Gloria a ti Señor.
Sólo Tú eres Santo, Sólo tú Señor.
Bendito eres Jesús, bendito eres.




ORACIÓN ALMA DE CRISTO


Alma de Cristo, Santifícame
Cuerpo de Cristo, Sálvame
Sangre de Cristo, Embriágame
Agua del Costado de Cristo, Lávame

Pasión de Cristo, Confórtame
Oh buen Jesús, Óyeme
Y dentro de tus llagas, Escóndeme
No permitas que me aparte de Tí

Del enemigo, Defiéndeme
En la hora de mi muerte, Llámame
Y mándame ir a Tí
Para con tus santos te alabe por los siglos de los siglos.

Amén

martes

Confesiones San Agustin

1 - Sin Bautizar

2 - Juventud libertina

3 - Maniqueo, las lágrimas de Mónica

4 - Concubinato

5 - Profesor en Roma y Milán

6 - Alipio deja a su mujer

7 - Hacia la Verdad

8 - Cristo, centro de su vida

9 - Deja la Cátedra

10 - Bautismo de Agustín

11 - Elogio y muerte de Mónica

12 - Ejemplo de Amor a Dios

13 - Excelencias de Memoria

14 - Buscar a Dios, única felicidad

15 - La felicidad, viene de la verdad

16 - Tarde te amé

17 - Virtudes, pecados y peligros

18 - A Dios, por la creación

19 - Dios templo y eternidad

20 - Hijos de la luz, hacia la paz